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Por qué el fenómeno Get Out debería alegrarnos a todos, incluso a los que no les gustó la película

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Actualmente estamos viviendo una era cinematográfica en la cual las películas sufren muerte prematura; una vez que llegan a las carteleras, tras meses de espera, el público acude a verlas y después nadie más habla de ellas. Pasó con Dunkerque. Pasó con It. Pasó con The Last Jedi. Como todos los males de la sociedad actual, las redes sociales tienen un rol decisivo en tal tendencia. La gente teme a los spoilers, teme a ser el último en ver la película, teme a hablar de esta cuando ya esté en el olvido. Ese boca a boca que mantuvo despierta la fiebre de Titanic en los 90 durante (casi) un año y la convirtió en la película más taquillera de la historia y, tal vez, en la más famosa, hoy día sería impensable. Es por eso que después de Titanic, probablemente el único fenómeno vinculado al cine sea el de La La Land. Sin embargo, curiosamente, mientras el mundo tarareaba City of Stars, se estrenaba (en el festival de Sundance) otra película que acabaría convirtiéndose, contra todo pronóstico, en el fenómeno de 2017: Get Out. Ya casi a un año de su recorrido por las salas seguimos hablando de ella por razones atípicas pero que en cualquier circunstancias deberíamos celebrar porque su fenómeno es un triunfo para el cine.

ENTRETENIMIENTO Y CRÍTICA SOCIAL

Una vez, en uno de sus stand-up comedy, Eddie Murphy bromeó sobre las películas de terror (incluyendo Poltergeist y Terror en Amityville) preguntando porque en estas los blancos nunca huyen cuando descubren que siempre hay un fantasma en la casa. Jordan Peele, director y guionista de Get Out, lo escuchó y se inspiró para empezar a escribir la historia. Peele comentó para Variety que se dio cuenta de que, a pesar de ser fanático del género, su película favorita de terror aun no estaba hecha. Para simplificar su explicación, Jordan Peele expone el hecho de que la audiencia negra acude a ver películas de terror a pesar de la frustración que estas generan por lo poco real y convincente que suelen ser las decisiones de los personajes. “La familia blanca siempre se queda en la casa aun sabiendo que está embrujada” apunta Peele, “una familia negra nunca se quedaría ante la primera señal sobrenatural”. Fue así como empezó a escribir una historia de terror dirigida al público afrodescendiente.

El director desarrollo la historia cuando Barack Obama estaba iniciando su primer mandato, para entonces, él (y el resto del mundo) creyó que el racismo finalmente sería cosa del pasado en Estados Unidos y decidió guardar el guión, conservarlo para él porque a fin de cuentas el monstruo de Get Out es “el racismo sistemático reflejado a través de una familia blanca”. Sin embargo cuando el racismo en América se incrementó y nació el movimiento Black Lives Matter, Peele se dio cuenta de que era el momento idóneo para sacar adelante la película.

Get Out recuerda otro factor que murió en los 90: crítica social y entretenimiento en una misma película. Thelma y Louise, Se7en, El Cliente y Filadelfia, arrastraban al público a las salas para proporcionar entretenimiento mientras exponían el reflejo más crudo de la sociedad. Un hecho que se ha polarizado por completo. Si el público busca lo primero pues ve alguna película de superhéroes, o la película cotufera de turno, mientras que los dramas adultos (que ya nadie quiere ver) se quedan con lo segundo. Jordan Peele logra canalizar uno de los escenarios más delicados y escabrosos de la América actual (el racismo) mientras entrega al público una sátira (no confundir con parodia) de Serie B.

EL PÚBLICO QUIERE VER IDEAS ORIGINALES

Eliminando secuelas, reboots, remakes, adaptaciones literarias y películas animadas, Get Out sería la segunda película más taquillera de 2017 superada solo por Dunkirk (dir. Christopher Nolan). Déjame Salir como se le conoce en América Latina recaudó más que otras películas como Alien: Covenant, Valerian and the City of a Thousand Planets, Daddy’s Home 2, Ghost in the Shell, King Arthur: Legend of the Sword o Power Rangers. El éxito en números que ha tenido la película de Jordan Peele se puede interpretar como: 1. El público sí quiere ver películas originales. 2. No todas las películas de bajo presupuesto son malas (entiendase aburridas) o viceversa.

Get Out apenas contó con un presupuesto de 5 millones de dólares (1 millón menos de lo que costó The Room hace 15 años, sólo para tener una idea) y aun así estuvo dos meses ocupando diferentes posiciones en el top 10 de la cartelera americana y Jordan Peele se convirtió en el primer director afroamericano en conseguir 100 millones de dólares en taquilla con una opera prima. Estadísticas que no son casualidad cuando, como es el caso, funcionan la originalidad, la creatividad y el trato amable para con el público que una y otra vez ha sido subestimado. Si el público quiere entretenimiento de calidad no siempre acudirá a la cinta chatarra volando de turno.

CALIDAD SOBRE CONVENCIONALISMO

En los últimos 5 años 43 películas han sido nominadas al Oscar en Mejor Película. De esas 43, únicamente 12 títulos son historias originales, los otros 31 fueron inspirados por hechos reales y/o se basaron en alguna novela u obra de teatro. Entre esas mismas películas solo hay 5 comedias y 5 protagonizadas por negros. Get Out es la oportunidad más clara y precisa para eliminar los prejuicios y las etiquetas que han predominado en la Academia durante 90 años de historia.

Las asociaciones de críticos en Estados Unidos han premiado a Get Out, de manera unánime. A día de hoy es la película que ha recibido más reconocimientos como lo mejor del año. Aunque para muchos, tales menciones rayan en la exageración y han desencadenado el debate sobre si es o no la mejor película del año; un título subjetivo que debería quedar en segundo plano ante lo que realmente significa el estupor que la cinta está originando. Una película de género, una película de serie B está siendo reconocida antes que dramas clichés con sabor rancio que hemos visto una y otra vez.

Si Get Out consiguiese la nominación al Oscar en Mejor Película se cuestionaría su elección como una rareza pero nadie criticó la nominación de La Teoría del Todo cuando antes que esta habían mejores películas que simplemente no encajaban en el perfil: dramática, formularia y no-original. Lo que quiere decir que La Teoría del Todo o The Imitation Game también son películas necesarias por sus historias pero no por su forma que rayan en la misma narración plana que hace que el público sienta que está viendo la misma película todos los años. Esa aceptación generalizada de Get Out podría traducirse al cambio que finalmente los premios especializados necesitan.

No se trata de premiar a la mejor, se trata de reconocer la valentía, lo diferente, lo original. Cualidades que están muriendo prematuramente como las películas mismas.

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